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    La oración previa, algo imprescindible

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    TATIS

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    La oración previa, algo imprescindible

    Mensaje por TATIS el Lun Jun 20, 2011 7:39 pm

    Y entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó (Hechos 28: Cool

    Todo lo que pidiereis al Padre en mi Nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
    Si algo pidiereis en mi Nombre, yo lo haré (Juan 14:13-14).

    Instrumento escogido me es éste, para llevar mi Nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuanto le es necesario padecer por mi Nombre (Hechos 9:15-16)

    Oren por él, ungiéndole con aceite en el Nombre del Señor, y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados (Santiago 5:14-15)

    Hola, bendiciones; es en éstos pasajes en donde podemos contemplar como el Señor Jesús sigue ejerciendo su ministerio de amor sanador para con los hombres a través de aquellos siervos escogidos para llevar las buenas nuevas del evangelio por todo lugar en el mundo.
    Estos vasos frágiles reciben del Señor el permiso y el poder para que el ministerio del Señor Jesús siga activo en la tierra en todo tiempo. No es el ministerio de los hombres, sino el ministerio del Señor ejercido por medio de hombres y mujeres que le han rendido su corazón y que son instrumentos por medio de los cuales él sigue ejerciendo su ministerio de amor sanador y restaurador entre los hijos de los hombres. Estos hombres y mujeres, no hacen nada por si mismos, sino que según se encuentran con el necesitado se ponen en oración al Señor pidiendo la gracia y el favor del Señor para con el necesitado y su necesidad. Ellos hacen oración al Señor. Ellos piden en su Nombre, esto es, actuar en su Nombre, como de parte de él; y es por esto que ellos piden permiso al Señor, ellos piden en oración al Señor para que la necesidad sea cubierta. Ellos son instrumentos del Señor, herramientas del Señor por medio de los cuales el Señor puede actuar; él usa sus manos como si fuesen las suyas mismas. El hace fluir su poder sanador y salvador a través de ellos. Ellos se rinden al Señor para que el Señor actúe por medio de ellos. Ellos son conscientes de que el poder no es suyo, sino del Señor; ellos saben que solo pueden ser el recipiente que contiene la medicina que administra el buen Medico Celestial. Ellos oran al Señor, le piden al Señor, le ruegan al Señor, y el Señor que está presente en ellos en el Espíritu, es el que se mueve en todo su esplendor, majestad y poder, y actúa por medio de ellos. El Señor usa sus manos, sus bocas, sus pies, su compasión, su misericordia, su agradecimiento, su deseo, su clamor, para restaurar al necesitado. Ellos nada pueden hacer por si mismos; ellos son conscientes de que no es su poder, ni su piedad la que hace que un enfermo se levante (Hechos 3: 12), sino que es el Señor que habiendo oído su clamor y su petición se ha movido y actuado en su poderoso Nombre. Ellos no sanan ni salvan. No tienen ningún poder para ello; ellos piden al Señor y cuando reciben de él el permiso y la autorización actúan en su Nombre, van al necesitado en el Nombre del Señor, como enviados departe del Señor. El Señor es para ellos la máxima autoridad a la que se someten y obedecen. Ellos están como soldados del Señor bajo sus órdenes, y cuando reciben la orden y el permiso del Señor actúan, no en su propio nombre, sino en el Nombre Soberano que les envía y les da el permiso y la autoridad para actuar en su Nombre (véase Mateo 8: 8-9).
    Es pues, visto esto, que los verdaderos instrumentos del Señor son aquellos que no hacen nada por si mismos. Cuando, como Pablo en Malta, en casa del padre de Publio, ven la necesidad del enfermo, se ponen a orar y a pedir al Señor por ésa necesidad, y cuando reciben el poder del Señor lo trasmiten a través de sus manos, y en el Nombre del Señor Jesús el enfermo recibe la sanidad, ó aquello para lo que se hubiese orado y pedido previamente. Se necesita pues, primeramente, de la autorización del Señor, y cuando la obtenemos, debemos ser instrumentos, canales por los cuales el Señor ejerza su Autoridad y Poder que definitivamente levantará al enfermo. Sin estas dos cosas: autorización primero, y Autoridad del Señor después, nada podremos hacer por nosotros mismos, pues en nosotros no hay ningún poder. Es solo cuando el Señor nos provee de estas dos cosas, y nos rendimos para que él actúe por medio de nosotros, que estas cosas son grandemente efectivas y prosperadas en beneficio de nuestros semejantes y también de nosotros mismos.
    Con amor.
    TATIS

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